En una nación donde la seguridad pública tiende a convertirse rápidamente en un factor de desgaste político, pocos funcionarios han conseguido crear una narrativa de efectividad sostenida. Uno de esos casos es el de Omar García Harfuch.

Más allá de la polarización existente en la política, las estadísticas y la percepción de la ciudadanía han posicionado al actual secretario de Seguridad como uno de los perfiles más robustos del gabinete federal. Su gestión en la seguridad de la Ciudad de México resultó en reducciones significativas en delitos de alto impacto, así como en homicidios y robos violentos, apoyadas por una estrategia fundamentada en inteligencia, coordinación institucional y operaciones tácticas. Entre los años 2019 y 2022, la capital tuvo una caída cercana al 47% en homicidios dolosos y marcó reducciones históricas en varios delitos de alto impacto.

Ahora, desde la Secretaría de Seguridad a nivel federal, Harfuch ha intentado replicar ese modelo a nivel nacional. El gobierno mismo ha reportado disminuciones significativas en homicidios dolosos durante esta administración, además de miles de detenciones, decomisos de armamento y la desarticulación de laboratorios clandestinos.

No obstante, uno de los aspectos más destacados de su consolidación política se encuentra más allá de las fronteras de México, en Washington.

En un contexto particularmente sensible para la relación bilateral en el ámbito de la seguridad, Omar García Harfuch ha emergido como el interlocutor más confiable para las agencias estadounidenses. Las reuniones que ha mantenido con altos directivos del FBI, DEA y autoridades de inteligencia de Estados Unidos evidencian un nivel de confianza institucional poco común en los últimos años.

A diferencia de otros personajes políticos, Harfuch conserva credibilidad en ámbitos militares, civiles y diplomáticos. En Estados Unidos se le percibe como un funcionario técnico, operativo y pragmático; alguien capaz de coordinar acciones concretas sin alterar el delicado equilibrio de soberanía que demanda el gobierno mexicano. Incluso en períodos de tensión bilateral, ha sido el rostro visible de la cooperación y la comunicación.

Esa combinación de resultados tangibles, elevada aprobación pública y reconocimiento a nivel internacional lo empiezan a posicionar de manera singular dentro del panorama político nacional. Encuestas recientes ya lo sitúan como el funcionario mejor evaluado del gabinete federal, con índices de aprobación que superan a otros aspirantes presidenciales de Morena.

Y es que dentro del actual gobierno empiezan a surgir figuras clave en áreas estratégicas. Así como en el ámbito económico Don Francisco Cervantes, presidente del Consejo de Inversión y uno de los principales promotores del denominado Plan México, se ha convertido en la figura estelar para la captación de inversiones y el fortalecimiento económico del país, en el campo de la seguridad, Omar García Harfuch ha forjado su propio renombre político y ni qué decir de sus numerosos grupos de admiradoras.

Su gestión de las crisis y emergencias políticas en los últimos meses ha reforzado su imagen pública como un operador eficaz, institucional y con la capacidad de control en situaciones difíciles. En un entorno donde muchos funcionarios se ven desgastados por la presión mediática y política, Harfuch ha conseguido exactamente lo opuesto: crecer políticamente en medio de la adversidad.

En el ámbito político, la seguridad a menudo acaba con carreras. Sin embargo, cuando un funcionario logra establecer una imagen de efectividad, control y confianza internacional, el resultado puede ser exactamente el opuesto.