La no custodia de las cabañas de “El Mencho” genera sospechas de encubrimiento o ataque político a Jalisco










Hugo Hinojosa
Ciudad de México, 17 de marzo de 2026. En un comunicado oficial emitido el lunes 16 de marzo por la Fiscalía General de la República (FGR), bajo el número 141/26, la institución federal reconoció que no resguardó de inmediato las cabañas ubicadas en el fraccionamiento de Tapalpa, Jalisco, donde presuntamente se ocultaba Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. La FGR justificó esta omisión por la ausencia de “condiciones mínimas de seguridad para el personal ministerial y pericial”.
Esta decisión ha desatado especulaciones que pueden interpretarse de dos formas: como un posible intento de encubrir nexos entre políticos o servidores públicos afines al partido en el poder y el crimen organizado, o como el detonante de una campaña negra contra el gobierno de Jalisco y su gobernador, Pablo Lemus Navarro.
El operativo, calificado por la FGR como de “alta complejidad táctica”, culminó con la captura de “El Mencho”, quien resultó herido de gravedad durante los enfrentamientos armados y falleció tras ser trasladado de urgencia a un hospital. Según el comunicado, la prioridad fue preservar vidas humanas y consolidar posiciones estratégicas ante posibles represalias del grupo criminal, lo que impidió el aseguramiento inmediato de los inmuebles.
Sin embargo, esta postergación permitió que diversas personas ingresaran sin autorización a los inmuebles, alterando y contaminando la escena. En consecuencia, la FGR precisó que “no puede determinar si los objetos o indicios señalados públicamente como encontrados en esos inmuebles se hallaban efectivamente allí desde el inicio”, ni si se preservaron conforme a los protocolos legales, lo que podría romper la cadena de custodia de cualquier prueba.
Este reconocimiento oficial plantea interrogantes serias. Por un lado, la falla podría facilitar el encubrimiento de irregularidades de servidores públicos o políticos presuntamente vinculados al CJNG. Diversas fuentes periodísticas han reportado el hallazgo de supuestas “narconóminas” con listas de pagos a policías y funcionarios, pero la contaminación del sitio pone en entredicho su autenticidad y origen. Si estos documentos fueron plantados o manipulados después del operativo, surge la pregunta: ¿quién se beneficia de su difusión? La FGR anunció una investigación interna para esclarecer si algún servidor público incurrió en irregularidades al no resguardar el lugar, aunque críticos consideran que esta indagatoria podría servir para proteger a figuras influyentes ligadas al crimen organizado, en un contexto donde el CJNG ha sido señalado por infiltrar instituciones federales y estatales.
Por otro lado, la situación fortalece las sospechas de una campaña orquestada contra el gobierno de Jalisco y que, en declaraciones recientes, el gobernador ha enfatizado que “cualquier policía, funcionario o servidor público que reciba dinero de la delincuencia organizada debe ser investigado, procesado y encarcelado”, proyectándose como un firme defensor de la transparencia.
La admisión de la FGR de que no puede garantizar la originalidad de los hallazgos exculpa implícitamente al gobierno estatal de las acusaciones difundidas por instituciones y medios, ya que el comunicado reconoce “una alta probabilidad de contaminación del lugar de los hechos”.
Analistas independientes, citados en publicaciones de medios como La Silla Rota y Reforma, coinciden en que la falta de resguardo inmediato no solo no valida, sino que desarma cualquier narrativa de colusión entre el gobierno de Jalisco y el crimen organizado, lo que invalida las imputaciones lanzadas desde diversos frentes.
La FGR ha reiterado que continuará las investigaciones y mantendrá informada a la opinión pública conforme al debido proceso. Este episodio pone en evidencia la fragilidad de las operaciones contra el narcotráfico y cómo un error operativo puede ser aprovechado con fines políticos, ya sea para encubrir o para difamar.